2026-10-29
Cuauhtémoc Cárdenas fue tres veces candidato presidencial y cabeza de la democratización
Cuauhtémoc Cárdenas fue tres veces candidato presidencial

Cuauhtémoc Cárdenas fue tres veces candidato presidencial y cabeza de la democratización
Aquí con la presidenta Claudia Sheinbaum en el aniversario de la Expropiación Petrolera de 2024.
La vida de Cuauhtémoc Cárdenas se extinguió. Surgido de las entrañas del sistema, se convirtió en figura legendaria de la izquierda cuya trayectoria sacudió el sistema político: encabezó la gran fractura del régimen que representó el principio del fin del partido hegemónico; su lucha precipitó el resquebrajamiento del sistema, desafiando al régimen en los tiempos más duros del neoliberalismo. Su congruencia, convicción democrática y perseverancia explican que el proyectó que fundó ahora le confiera rumbo a la nación con fuerte acento social.
Hijo del presidente más reconocido del siglo XX, Lázaro Cárdenas, su vida estuvo ligada a la política desde su infancia, que transcurrió en parte en la residencia oficial de Los Pinos.
Heredero de los principios de justicia que caracterizaron al general, Cuauhtémoc admiró la vida de su padre, reconociéndolo como la gran figura de la Revolución Mexicana.
“Empezar a leer sus apuntes, adentrarme en sus escritos, hacer de ellos mi lectura principal fue una experiencia extraordinaria y maravillosa”, narra el ingeniero en su autobiografía Sobre mis pasos. “A través de sus escritos encontré la firmeza de sus ideas y convicciones, las explicaciones de por qué se habían dado acercamientos y distanciamientos o rupturas. Lo encontré tal cual él era, como lo conocía, reafirmando ante mí sus cualidades y valores, su humanismo y grandeza”.
La congruencia del general permeó en los principios de su hijo, cuyo abolengo hacía inevitable su pasión por la política desde la visión del cardenismo: conferir sentido social al quehacer político.
La más profunda crisis económica que haya tenido al país, la de la década de los 80, agudizada por el sismo de 1985, fue la coyuntura que catapultó a Cárdenas. En 1986 se estaba incubando en el seno del PRI una incipiente inconformidad por las condiciones económicas y sociales en México que tendría en Cárdenas, con el enorme peso de su apellido, y Porfirio Muñoz Ledo, con su vehemencia discursiva, a los principales actores.
“Cuando tuve posibilidad de participar políticamente, el nombre contaba. Estaba muy consciente de ello. Tenía que cuidar ese aspecto, no haciendo tonterías o haciendo las menos posibles”, confiaba a La Jornada en entevista con Luis Hernández Navarro, en la cual reconoció la relevancia de haber participado, en los inicios de su carrera, en el Movimiento de Liberación Nacional a principios de los 60, una de las opciones de izquierda en aquellos años.
Coincidentes en su visión del acelerado deterioro de las condiciones de vida del pueblo mexicano, encabezaron la formación de la Corriente Democrática en mayo de 1986. Se les unieron personalidades como Ifigenia Martínez, Rodolfo González Guevara, Leonel Durán, Armando Labra, Gonzalo Martínez Corbalá y Carlos Tello Macías, quienes ante el inminente proceso de sucesión presidencial estaban convencidos de la gran necesidad de democratizar al partido y, en consecuencia, al sistema político.
“Nos mueve el reclamo de una sociedad que acusa signos de desesperanza, consternada por la creciente sangría que representa la gran carga de la deuda externa y sus efectos sobre los niveles de vida, acosada por la inflación, el desempleo, el libertinaje de precios, el deterioro del salario, la injusta remuneración de los esfuerzos de los trabajadores”, señalaban los documentos básicos de la corriente encabezada por Cárdenas.
Pero aún eran los tiempos en los que prevalecía en México la férrea disciplina del partido de Estado, por lo que la incipente insurrección en su seno terminaría con la salida masiva de los integrantes de la Corriente Democrática que se toparon con la inflexibilidad del régimen. Al paso del tiempo, este episodio sería recordado como una fractura que conduciría, con los años, al fin del viejo sistema.
Eran los tiempos en que se preparaba ya la sucesión presidencial que llevaría al poder a uno de los personajes más siniestros, desde la visión de la izquierda, y emblema nacional del neoliberalismo que campearía todavía un cuarto de siglo más.
1988: parteaguas político
Fuera del PRI, muy pronto la Corriente Democrática tomaría mayor fuerza. Se volvería cabeza de la emergencia social y política que se expresaría con fuerza en las elecciones de 1988. A la distancia, ese año se convertíría en un parteaguas político, económico y social.
El 14 de octubre de 1987, Cárdenas comenzaría su vida política desde la oposición. Amparado en el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana –un vetusto instituto que por años fue satélite del régimen–, se lanzó como candidato presidencial.
A partir de entonces se desataría una vertiginosa cadena de acontecimientos que llevaron a la adhesión de otros partidos, igualmente marginales hasta entonces (Partido Popular Socialista y Partido Socialista de los Trabajadores, que mutarían en Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional), y que al final fueron los cimientos de una nueva fuerza política: el Frente Democrático Nacional.
La campaña se Cárdenas se convertiría, muy pronto, en todo un fenómeno, expresión de la inconformidad contra el régimen de la desigualdad social. Una opción que, en su galopante crecimiento, terminó arrollando al Partido Mexicano Socialista, cuyo candidato, Heberto Castillo, declinó por Cárdenas. Un desafío inaceptable para el régimen al que sólo le quedó el fraude para contener el arrastre de Cárdenas.
El 6 de julio de 1988 se registró el robo más escandaloso de la historia electoral reciente del país, con la famosa “caída del sistema”, lo cual desató airadas protestas. El 16 de julio, Cárdenas encabezó la exigencia de la restauración de la legalidad y emplazó a un infructuoso diálogo con los representantes del régimen.
“Sabíamos que el gobierno, aunque plenamente consciente del fraude que estaba cometiendo, estaba igualmente decidido a llevarlo hasta sus últimas consencuencias” e imponer a Carlos Salinas, narra Cárdenas en sus memorias.

