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2026-09-07

Así es la empresa emergente que ayuda a la gente a morir en paz

Así es la empresa emergente que ayuda a la gente a morir

Así es la empresa emergente que ayuda a la gente a morir en paz

Así es la empresa emergente que ayuda a la gente a morir en paz

La asistencia médica para morir ahora es legal en Nueva York. Un equipo de profesionales clínicos creó un consultorio para ayudar a sus pacientes a morir en sus propios términos

 

Para Tara Shapiro, todo comenzó cuando su familia conducía hacia el norte del estado para la graduación de su hijo y su suegra empezó a atragantarse.

 

El esposo de Shapiro intervino para hacerle la maniobra de Heimlich y le salvó la vida a su madre. Lo cual, resultó, la hizo enfurecer. “Nunca me vuelvan a hacer eso”, le dijo a la conmocionada familia.

 

Tenía 81 años y padecía una enfermedad muscular degenerativa, y ya había decidido que estaba lista para morir. Esa noche, ella y Shapiro empezaron a hablar sobre buscar a un médico que la ayudara a poner fin a su vida.

Cuando su muerte finalmente llegó, ese verano de 2023, la familia pudo estar de acuerdo en que fue todo muy propio de Janice Shapiro. Fue en sus propios términos.

 

La familia decidió viajar en auto a Vermont, que acababa de legalizar la asistencia médica para morir para personas que viajaban desde otros estados. Los Shapiro reservaron un Airbnb. Justo antes de partir, invitaron a un rabino, pero a Janice Shapiro no le agradó y lo despacharon. Luego vino un sacerdote, que le gustó mucho más.

 

Pusieron “My Way”, de Frank Sinatra. Tara Shapiro recordó haber mezclado los polvos en un vaso con jugo de manzana, haber traído un poco de sorbete para atenuar el sabor y habérselo dado a su suegra, quien se tomó de un trago la combinación letal. Luego Janice Shapiro le dijo a la familia que después de morir alguien debería llevarse los pantalones deportivos que llevaba puestos, que eran tremendamente cómodos. Veinte minutos después, había muerto.

 

Tara Shapiro es médica de cuidados paliativos y ha presenciado cientos de muertes a lo largo de sus más de 30 años de carrera, pero esta la revolvió por dentro. Hubo, como esperaba, la abrumadora sensación de duelo. Lloró a la persona que había sido más bien una madre sustituta, que la trataba como a una princesa, que la llamaba sin parar para asegurarse de que todo estuviera bien después de sus mamografías, y que organizaba fiestas de mahjong en la terraza. Pero también había nuevas preguntas para Shapiro.

 

Luego de tres décadas de trabajar en hospitales, ¿qué significaba pasar de combatir la muerte a acelerarla? ¿Qué significaba esto en términos del juramento hipocrático, ese texto de la Antigüedad, a menudo mal citado, pensado para guiar a la profesión, con su nada sutil mandato de “no administrar medicamento mortal alguno”?

 

Shapiro ha estado lidiando con estas preguntas. Nueva York acaba de legalizar la práctica conocida como suicidio asistido por un médico; quienes trabajan en el campo prefieren el término más amable “asistencia médica para morir”, o MAID por su sigla en inglés. Desde alrededor de febrero, Shapiro ha estado trabajando con un grupo de médicos, enfermeros, psicólogos y otros profesionales clínicos para crear lo que se cree que es el primer consultorio del estado dedicado a ayudar a los pacientes a morir en sus propios términos.

 

Abrió el 5 de agosto, el primer día que la asistencia médica para morir fue legal en Nueva York. (No tiene una oficina, porque el equipo tratará a los pacientes en sus hogares).

Se puede pensar en el consultorio como una empresa emergente para mejores muertes.

 

Han creado una ventanilla única, Quiĕtus, donde las personas pueden obtener ayuda para cumplir cada requisito legal y médico para una muerte en sus propios términos. Los pacientes reciben dos evaluaciones médicas y una revisión de salud mental, además de una receta para la combinación de fármacos —sedantes, morfina, dosis letales de medicamentos cardiacos— que los matará.

 

La asistencia médica para morir es legal en 13 estados, y Nueva York tiene una de las regulaciones más estrictas, que incluye que los pacientes deben ser residentes del estado, tener seis meses o menos de vida, y esperar cinco días entre recibir la receta y surtirla.

 

Como se puede imaginar, las tareas involucradas en la creación de esta empresa, con muy pocos precedentes, son complejas. Hay preguntas sobre seguros, dinero y responsabilidad. También hay preguntas sobre si Quiĕtus está provocando protestas de los vecinos o críticas de sus colegas.

 

Quiĕtus comprende un equipo ecléctico de nueve profesionales clínicos. Está Shapiro, quien irradia una tranquilidad suburbana pero cuya propia vida ha estado marcada por un par de muertes —su hermana de 2 años, su sobrino de 21 años— que la han vuelto discretamente obsesiva al consolar a los moribundos.

 

Está David Atkins, un trabajador social de cuidados paliativos que solía ser un monje budista y descubrió que cuidar a los moribundos se sentía como una forma de continuar su práctica budista.

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